Algunos apuntes acerca de Rokiñ. Provisiones para el viaje, de Liliana Ancalao Meli (Espacio Hudson, 2020) / Por Mauro Moschini

Las traducciones van y vienen, desde la primera a la segunda lengua y viceversa, y en las vueltas las palabras se pulen entre sí como piedras.

Liliana Ancalao, “Oralitura: una opción por la memoria”, en revista El camarote N° 5, marzo-mayo 2005

1. Cuestiones preliminares

Para quien desconoce el mapuzungun, al querer escribir una crítica de este libro se impone un problema: ¿Es válida una lectura que tome en cuenta solo las versiones en español de estos poemas, sin leer además las versiones en mapuzungun y comparar una con otra?

Aunque el crítico pueda salir del paso con una aclaración o con una disculpa, no puede soslayar este problema. En rigor, el crítico debería estudiar mapuzungun, algo de etnolingüística, y una vez adquirida al menos una rudimentaria instrucción podrá escribir, ahora sí, con el mínimo de honestidad intelectual, al menos una reseña. Ciertamente, para leer la literatura mapuche actual es necesaria “una filología intercultural, atenta a las dinámicas del territorio en que está afincada”, como la que soñó el mexicano Pablo González Casanova hace 100 años, y recuerda Rafael Mondragón Velázquez en Un arte radical de la lectura : constelaciones de la filología latinoamericana (capítulo II).

Pero si no somos capaces de ejercer ni un atisbo de esa filología intercultural: ¿No sería mejor despreocuparse y dejar que quien pueda lo haga? Sería lo menos riesgoso. Pero también se puede buscar algo más: ¿cómo se le puede encontrar un sentido a un idioma que no hablamos?

Recuerdo una anécdota de los Comentarios reales (Capítulo IV) que me puede resultar útil para encontrar una manera digna de enfrentar este problema:

Los españoles, (…) le preguntaron por señas y por palabras qué tierra era aquélla y cómo se llamaba. El indio, por los ademanes y meneos que con manos y rostro le hacían (como a un mudo), entendía que le preguntaban mas no entendía lo que le preguntaban y a lo que entendió qué era el preguntarle, respondió a prisa (antes que le hiciesen algún mal) y nombró su propio nombre, diciendo Berú, y añadió otro y dijo Pelú. Quiso decir: “Si me preguntáis cómo me llamo, yo me digo Berú, y si me preguntáis dónde estaba, digo que estaba en el río”. (…)

Los cristianos entendieron conforme a su deseo, imaginando que el indio les había entendido y respondido a propósito, como si él y ellos hubieran hablado en castellano, y desde aquel tiempo, que fue el año de mil y quinientos y quince o diez y seis, llamaron Perú aquel riquísimo y grande Imperio, corrompiendo ambos nombres, como corrompen los españoles casi todos los vocablos que toman del lenguaje de los indios de aquella tierra (…).

Puse en bastardilla esa frase para señalar por qué transcribo acá esta anécdota: ya que no puedo, como el Inca Garcilaso y como Ancalao, entender el original y su traducción (o los dos originales y su traducción), frente a esos versos en mapuzungun debo asumir que tienen un sentido, aunque no sepa qué significan. Y lo que muy elementalmente puedo llegar a entender es que en estas páginas se pone en escena una traducción. Como crítico, entonces, deberé tomar nota:

1) el carácter constitutivo que tiene la traducción en la poética de Ancalao hace que sea empobrecedor encuadrar su obra en la literatura argentina y acaso en cualquier literatura nacional. Lo mismo vale para gran parte de la obra de Manuel Puig (por dar un ejemplo, no el más adecuado) que excedió su lengua nacional (ya que no la materna) al escribir novelas como Maldición eterna… o Sangre de amor correspondido, para luego autotraducirlas al español. (Otro caso es el de Milan Kundera, quien no solo auto-tradujo al francés las novelas que escribió por primera vez en checo, sino que dispuso que se consideransen como originales esas versiones francesas).

2) En otro sentido o en otra magnitud, también resultaría empobrecedor entender el proceso de “(re)construcción identitaria” (la expresión es de Claudia Hammerschmidt) del que forma parte este libro, en términos de una “representación” de esa identidad. Es innegable que a nivel temático (y no solo) la obra de Ancalao es una concreción de esa “(re)construcción”, pero considero que la traducción que Ancalao vuelve a poner en escena en Rokiñ, nos está señalando que ese aspecto político-cultural de su poesía no puede entenderse en términos de una representación, o no solamente.

Desde que empezó a publicar, Ancalao produce uno o varios textos ensayísticos que justifican o preanuncian las constantes y variaciones en el desarrollo de su poética. Reunió varios de esos textos en un libro de edición española. En 2019, poco antes de la publicación de Rokiñ…, se publicaron dos textos1 en los que Ancalao Meli analiza la traducción al mapuzungun y la inclusión de palabras de ese idioma en varios poemas de autores mapuche escritos originalmente en español. En esos textos ¿No está indicando la poeta que la lectura que reclama la poesía mapuche contemporánea es una que no solo analice como traducción las versiones en mapuzungun de poemas en español, sino esos mismos originales en español como traducciones de un idioma silenciado?

Al “autotraducir” ambas versiones de sus poemas, Ancalao pone frente a frente estos dos idiomas y escenifica los posibles diálogos, conflictos, tráficos y contaminaciones que pueden darse entre ambos. Si consideramos como “autotraducciones” a los poemas en mapuzungun, se le asigna a las versiones en español el estatuto de “originales”. Pero una vez publicados ¿habrá algo que indique en ambos textos cuál de estas versiones es “la original”? En el caso de un libro que se escribe y publica primero en un idioma, para más tarde ser traducido, el carácter de original del primero está dado por la cronología (ese sería el caso de Tejido con lana cruda / züwen karükal mew, editado en 2021 por la editorial La mariposa y la iguana, reedición del primer libro de Ancalao Meli, que esta vez, a diferencia de la primera edición incluye versiones en mapuzungun. Lamentablemente no pude consultar ese libro para este ensayo). No ocurre lo mismo cuando un texto se publica en dos idiomas al mismo tiempo, como es el caso de Rokiñ…

Esta puesta en cuestión del original se puede relacionar con el problema del origen que aparece a nivel temático en algunos poemas de este libro. Al asumir su identidad como mapuche, como pueblo originario, el sujeto de estos poemas encuentra en registros históricos estatalmente legitimados, elementos para la reconstrucción de esos orígenes:

En 1866, con ley 476 el presidente Mitre entregó tierras en propiedad al lonko Francisco Ancalao en reconocimiento a los servicios prestados al ejército. En 1902, el gobierno de la provincia de Buenos Aires vendió esas tierras, cercanas a Bahía Blanca, y ordenó el desalojo de su comunidad enviándola al SO de la hoy provincia de Río Negro (p. 27, epígrafe del poema “desentierro”. Subrayado en el original.)

Pero cuando quiere continuar la búsqueda, se encuentra con que las marcas de ese despojo se borraron o fueron ocultadas. En el poema que sigue al que citamos (“Spinetta en Bahía”), camina por el arroyo Napostá (que cruza la zona este de Bahía Blanca) y piensa:

(…) yo quería acercarme a sus casas de adobe / mari mari kom pu che / ankalao che ka / akun ka mapu mew / soy ankalao también / de lejos vengo / decirles y abrazarlos / pero ni una señal de mis parientes (…) entonces llegó una poeta o / druida / que me guió / en el medio de bocinas edificios multitudes / hasta el Fuerte Argentino y // sí: el olvido está hecho de cemento (…) le hubiese pedido / que me lea las runas / pero estaban todas las lecturas en desarme / yéndose por las alcantarillas (…) / en desagüe hacia un pantano / donde aún abrían su boca / mis raíces.

Esto no implica que se descarte la posibilidad de recomposición de ese origen. El despojo territorial primero, y después la migración a la ciudad y la proletarización, vulneran la unión con la tierra, pero siempre algo subsiste, en la huerta que cultiva el obrero del petróleo (en el poema “¿quién te pensó el nombre Desiderio?”) o el recuerdo de los nguillatun de los abuelos (“”).

Si el libro se titula también provisiones para el viaje ¿no será porque marca así tanto el carácter provisorio -es decir: inconcluso, en proceso, sujeto a modificaciones- de su búsqueda, como que esa búsqueda se hace teniendo en cuenta un futuro?

La búsqueda de Ancalao Meli, iniciada hace ya un par de décadas, es cuidadosa, compleja, pone en términos bien concretos -a nivel histórico y personal- tanto las dificultades como las alegrías que implica esa búsqueda, que se metaforiza como un viaje.

Además, si consideramos ambas versiones como originales, la traducción de cada una posibilitará nuevas versiones. Y si entendemos que los idiomas no son compartimentos estancos, sino que en su léxico y su gramática se abren conexiones con otros idiomas, la dualidad se abre a “las repercusiones incalculables de lo verbal” como escribió Borges en “Las versiones homéricas” (uno de los ensayos incluídos en Discusión) donde también escribió que “Ningún problema [es] tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone una traducción” y “El concepto de texto definitivo, no corresponde sino a la religión o al cansancio”.

Considero que para pensar en la potencia descolonizadora de la obra de Ancalao, no se puede soslayar esta centralidad de la traducción como recurso literario. Con sus auto-traducciones, Ancalao repone en ambas versiones, en ambos idiomas lo que históricamente fue silenciado.

2. Memoria y oralidad, archivo y escritura: algunos apuntes

Liliana Ancalao Meli empezó a lograr, sobre todo desde principios de la última década, un amplio reconocimiento a nivel nacional y latinoamericano, que se constata en la invitación a encuentros y la inclusión en antologías, y al que en el último tiempo se sumó el reconocimiento en Estados Unidos: en 2018 la revista World Literature Today la incluyó en su portada y en febrero de este año fue “visiting writer” de la Universidad Whashington and Lee de la ciudad de Lexington, en Virginia, Estados Unidos.

Aunque en una primera lectura las versiones en español no parecen presentar grandes innovaciones formales ni temáticas respecto a sus anteriores libros, queda claro que se mantiene en Rokiñ… la potencia de su escritura, que esta vez además se brinda más generosamente: el libro es más largo que los anteriores, incluye 14 poemas, todos bilingües. En este caso las versiones en mapuzungun están en primer lugar, en las páginas pares, al revés que en su libro anterior. Los poemas están precedidos por una larga dedicatoria de la poeta a sus seres queridos, que refuerza y permite entender mejor el carácter autobiográfico de los poemas; un “Saludo azul” de Elicura Chihualaf Nahuelpán (célebre poeta mapuche que a poco de publicarse Rokiñ…, obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile) y un prólogo de la misma Ancalao Meli, titulado “Para que drene esta memoria”.

El prólogo de Chihualaf no solo resulta significativo por el aval de una firma legitimada, sino porque es una muestra de otra manera de trabajar con el bilingüismo. El texto se inicia con un párrafo enteramente escrito en mapuzungun, que por ciertas coincidencias evidentes parece que es traducido en español en el párrafo que le sigue. Encontrar la escritura de una lengua indígena presentada de esa manera produce un efecto de extrañamiento que no tiene lugar cuando se presentan enfrentadas la versión y su traducción, como es usual en las ediciones bilingües. Más adelante en el prólogo de Chihualaf, el mapuzungun se vuelve a incluir (esta vez, dentro del mismo párrafo) sin ninguna aclaración paratextual ni nota al pie que señale que está traducido. Por lo que se puede llegar a entender, en ese caso no es una traducción de algo que esté en español en el mismo texto. Se reitera el extrañamiento, pero en este caso se resalta más el juego de inclusión/exclusión que provoca el paso de un idioma a otro. En este breve y superficial repaso ya puede constatarse diversas posibilidades de los textos bilingües. Como vimos en el poema “Spinetta en Bahía”, en Rokiñ también se explora este tipo de efectos causados por la intercalación de idiomas diferentes.

El texto titulado “Para que drene en la memoria” que, aunque no esté designado así, puede leerse como otro prólogo. Se trata de un texto que está en el intersticio entre la poesía y la escritura ensayística y quizás se pueda decir lo mismo de muchos de los poemas de este libro. En primera persona, está compuesto de párrafos que a veces tienen la extensión de un verso, lo que le da un tono cercano a un poema. En resumen se puede decir que el texto plantea diferentes justificaciones a la escritura de la autora. Son justificaciones de índole personal que se relacionan con vicisitudes históricas, como quizás ya está sintetizado en las primeras palabras: “Escribo para recordarme quién soy, porque yo nací sin saber quién era”. Entre la instancia personal y la histórica, media la memoria familiar, por la que llega el mapuzungun: “Escribo por respeto a los kongen, los dueños del agua, que me llegaron en la voz de mi abuela Roberta Napaiman (…)”. La historia no aparece solo como pasado, ni como telón de fondo ni ambiente, y por eso se enmarca y se juzga en una perspectiva política. El prólogo relaciona estas instancias mientras va narrando algunos episodios decisivos de la historia, la del Estado argentino irrumpiendo en la historia familiar. Hay numerosas alusiones a la memoria y los recuerdos (“Escribo para recordarme (…) Escribo para recordar (…) Escribo para que vuelva a brotar esa memoria (…) Escribo porque quiero recordar (…) Escribo para no olvidarme (…)”). Como en otros poemas de Ancalao, la memoria está sustentada en la oralidad y aparece muchas veces en relación con los recuerdos familiares de la infancia.

La memoria como versión alternativa o contestataria de la historia institucionalizada es ya un lugar común de la crítica literaria. En una entrevista de 2009, Josefina Ludmer resumía así una de las características de la literatura latinoamericana contemporánea:

Si vos tomás los textos literarios producidos por la memoria, siempre los personajes son familiares; hijos que buscan a los padres, etc. Eso aparece así desde los noventa hasta hoy de un modo casi invariable en las ficciones. Uno puede preguntarse qué sujetos podrían hacerse cargo de una política posible en América Latina, si todo está absorbido por la memoria y la memoria toma la forma familia… eso es muy problemático. (…) La memoria indígena es diferente porque son memorias comunitarias, no familiares. (…)2

Retomando esta hipótesis para una lectura de Ancalao podemos plantear que tanto se constata en Rokiñ… esa relación entre memoria y familia, como la diferencia de la “memoria indígena”, que pone la memoria familiar en un contexto histórico.

Poco antes de publicar su segundo libro, en 2005, Ancalao publicó un ensayo que se puede considerar inaugural dentro de su poética: “Oralitura, una opción por la memoria”. Prácticamente todos los aspectos que Ancalao abordó hasta ahora en su obra ensayística y poética ya están cifrados en ese texto, en el que la poeta retoma ese concepto, creado por Chihualaf “para diferenciar esta manifestación estética contemporánea de la llamada ‘literatura precolombina’”. Ya entonces Ancalao afirmó que “fue una decisión de nuestros pueblos usar los grafemas occidentales para escribir el idioma originario”, y no dejó de anotar la importancia de la traducción, como puede leerse en el fragmento que cité en el epígrafe. Sin embargo, el énfasis en la memoria oral como fuente de la poesía contemporánea de los pueblos originarios es lo que predomina en aquel texto.

Desde entonces se dieron algunos cambios en la historiografía universitaria de Chile y Argentina que -con un notable retraso- puso de relieve en las últimas décadas, la muy temprana adopción de la escritura alfabética por parte del pueblo mapuche, sobre todo a través de la profusa correspondencia que mantuvieron sus jefes con los Estados nacionales. La capacidad de percibir y la renovada valoración de esas fuentes fue generada por varias razones. Entre las más importantes están los cambios en los estudios antropológicos y etnohistóricos de las últimas 3 décadas (posibilitados a su vez por los regímenes de democracia representiva que se dieron en Argentina y Chile) y la influencia de la “archivología” y el pensamiento de Jacques Derrida y Gayatri Spivak. Así, en las primeras décadas de este siglo se dio lo que se ha llamado “el giro escritural en la historiografía mapuche”, que, ya consolidado, aún se puede considerar en curso. La influencia de este “giro” es notoria en los libros de Adrián Moyano, por ejemplo (sobre todo a partir de su biografía de Inakayal) y en la obra de Ancalao, quien como Moyano ha construido una fructífera relación con investigadores universitarios.

Un indicio de está influencia quizás está en que la dimensión histórica que surge de la memoria familiar en este libro de Ancalao suele estar asociada a documentos escritos y archivos. El primer poema del libro, por ejemplo, “¿quién te pensó el nombre Desiderio?”, comienza imaginando la inscripción de ese nombre en un registro: “quien fue repitiendo tu nombre en un galope / desde Fitatimen hasta Ñorkinko / y lo pronunció en el registro / a la par de tu nombre vorogano?”. Aunque se da entender que se pronuncia el nombre en voz alta para que otro escriba, es llamativo que en el comienzo de esa biografía en miniatura aparezca esa referencia al registro, que, si no me equivoco, no es lo mismo que el recuerdo, a pesar de su parentesco etimológico. Tanto las diferencias como las relaciones entre las dinámicas de la oralidad (ese repetir el nombre para no olvidarlo) y de la escritura (asociada a instituciones estatales: es posible suponer que el registro mencionado es el registro civil) están claramente escenificadas en ese fragmento del poema. No se trata de descartar una realidad lingüística (oralidad, escritura) para privilegiar otra, sino de explorar las posibilidades y características de cada una, sosteniendo los diálogos y conflictos que hay entre ambas. Esta operación también se constata en la reiterada formula del prólogo (“Escribo… (…) Escribo…”) o en el poema “renü”, que lleva como epígrafe la transcripción de un testimonio oral reciente (donde vuelve a aparecer la alusión a cierta dimensión de lo esotérico, por llamarlo de alguna manera, una temática clave de este libro, aunque no entra en la lectura que intento bocetar en este ensayo).

“las chicas de Cushamen”, el siguiente poema, se presenta con una dedicatoria “a la memoria” de la abuela, la madre y las tías de la autora. Así como el primer poema del libro puede inscribirse en una serie con el “poema del mameluco”, este poema continúa una serie comenzada en Mujeres a la intemperie / Pu zomo wekuntu mew,que nombra y pone de relieve a las mujeres dentro de la historia familiar. Para este libro, el nombre de la línea materna se pone de relieve además en la nueva firma de la autora.

En mis anteriores ensayos sobre la poesía de Ancalao no señalé (si mal no recuerdo) la muy notoria influencia de las Odas elementales de Neruda en algunos de sus poemas. Esta sigue presente en el poema “canto a las torta fritas”, que retoma la mirada sobre la vida cotidiana de poemas como “al mate” u “oración para esperar el colectivo”, de su primer libro. A este tono se agrega un acento algo ominoso y trágico en los poemas “las rutinas con la lluvia afuera” y “temporal 2017”.

Un último apunte: el viaje, otro concepto clave en este libro, puede leerse a partir de la tradición de los “cronistas” coloniales y novelistas como William Hudson, y en relación a los desplazamientos y migraciones que forzó el Wingka Malón, pero me pregunto si no podrá también leerse en relación al rol de nampulkafe en la cultura mapuche.

1Me refiero a “Tras las huellas de la espiritualidad mapuche en La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea-Pelótuñma ngütrámtunzüngu: fachántü ta mapuche ñi ülkántumeken”, capítulo 4 del libro La Patagonia habitada. Experiencias, identidades y memorias en los imaginarios artísticos del sur argentino, Luciana A. Mellado (dir.), Editorial de la Universidad Nacional de Río Negro; y a “Inantükun Mapuzungun – Rastreo de la lengua de la tierra”, en Patagonia literaria V. Representaciones de la identidad cultural mapuche, Claudia Hammerschmidt (Ed.), INOLAS Publishers y Ediciones Carminalucis.

2“Josefina Ludmer: La lengua puede ser pensada también como un recurso natural”, María Pía López y Sebastián Scolnik, en La Biblioteca, Nro 8, Primavera 2009, Buenos Aires, p. 27.

Mauro Moschini

Original para “La zona (crítica y ficción)”


Foto: Gerardo López (Ig: @geralopezz)

MAURO MOSCHINI Nació en 1985. Escribe ensayos (Recorridos, Remitente Patagonia, 2019), poemas (Poemas cortos, Ediciones Desde un tacho, 2015) y cuentos (Tarde de amigas, ed. de autor, 2013). Es profesor y licenciado en Letras por la UBA.

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